Desde joven, amé los árboles y la naturaleza. Pero desde muy joven, también vi que las tendencias económicas devaluaban las cosas que amaba. A los 20 años, comencé a buscar maneras de integrar la economía y la ecología. Eso me llevó a desarrollar carreras en negocios ecológicos, política y finanzas.
El viaje fue difícil, especialmente porque la visión social predeterminada, sobre todo en Estados Unidos, es que cuidar los ecosistemas es algo que compete a los gobiernos y a las organizaciones benéficas, no a las empresas.
Como resultado, inventé mis propios enfoques para cada aspecto de la sociedad con el fin de crear oportunidades de negocios ecológicos que trasciendan la típica calidad confrontativa del progreso ambiental.