Desde mediados de la década de 1970, pude observar que los ecosistemas estaban increíblemente desvalorizados en cuanto a su papel en la economía. Para entonces, la gente estaba condicionada a considerar el cuidado de la naturaleza como algo exclusivo de organizaciones benéficas y gobiernos.
Pero pensé que sin el liderazgo del sector empresarial, mejorar la salud de los ecosistemas a gran escala nunca sería posible. Así que, después de la universidad, fundé mi primer negocio "verde" en 1983, a los 23 años.
Hoy en día, científicos y economistas valoran la contribución económica de los ecosistemas en más de 1 billón de dólares anuales. Ahora, más que nunca, es posible crear empresas que mejoren constantemente la salud y el funcionamiento de nuestra infraestructura vital.




